domingo, noviembre 19, 2006

Lady Macbeth

La historia que voy a contar es un poco larga, así que aquellos que no les gusten las historias largas pues ésta en especial les causará dolor de cabeza.

Quizás muchos hayan leído la historia de Macbeth, un rey de Escocia que a mi en lo personal me vale queso cuando gobernó, pero que el buen Shakespeare convirtió en una tragedia, en la que las ansías de poder pueden terminar con lo poco que queda de nuestra alma. A diferencia de la empalagosa Romeo y Julieta, Macbeth representa la esencia de todos aquellos seres humanos cuya objetivo central en la vida es el poder en sí mismo, a costa de lo que sea, inclusive de asesinar a otros seres humanos o traicionar a los seres queridos.

Lo que el buen Shakespeare no calculó es que el personaje que se lleva la obra no es Macbeth en sí, sino su adorada y guapa esposa Lady Macbeth. Lady Macbeth es manipuladora, egoísta, malaleche, caprichosa y hasta en un momento de la obra pide la asexualidad, es decir, no sentir impulsos sexuales para alcanzar sus metas. Pero no nos metamos en chingaderas ni en camisas de once varas. Lady Macbeth es una cabrona que manipula al marido porque éste es un wey muy inseguro y le saca a escalar posiciones en esos grandes monopolios que eran los reinos medievales (hagan de cuenta los Microsoft, Wal-Mart, McDonalds, pero amurallados).

Lady Macbeth se lava las manos cada vez que su maridito recurre al crimen, - después de cometido un asesinato la muy ingenua cree que la sangre y el crimen que la acompañó se lava con agüita-

“Un poco de agua puricará este acto. ¿Ves que fácil ha sido?”

pero a diferencia de los mafiosos, los narcotraficantes y los políticos malosos, a ella como al esposo la culpa termina por acabarlos, a ella volviéndola loca y llevándola al suicidio y a él, perdiendo la noción de la realidad hasta perder el poder. Bueno, hasta ahí yo creo que ya inicié lo que quería decir y que me sirve de introducción a lo que quiero llegar.

Lady Macbeth puede estar en tu oficina en este mismo instante...

A mi me tocó lidiar con una Lady Macbeth durante casi dos años. A esta Lady Macbeth la nombraré AA y a la empresa en la que yo fui uno de sus “counselor” la llamaré GS.

Lady Macbeth ronda casi los cuarenta. No es una mujer de cara bonita, pero si de mucha personalidad y con unas formas de su cuerpo que presuponen que en su juventud andaban muchos perros detrás de ella, tanto como un pedazo de chorizo que cuelga de una bicicleta en marcha.

Llegué a la empresa que dirigía bajo una presión sofocante por no poder conseguir trabajo. Lo que más me impresionó fue su facilidad para encantar a la gente, y hay que ver que en estos tiempos de feroz competencia empresarial, el encanto es un arma muy poderosa. Pero a las dos semanas, ese encanto se desvaneció al verla convertida en una arpía despiadada al más puro estilo de Catalina la Grande, Catalina de Medici o la Dama del Lago.

Durante un tiempo la detesté a más no poder porque lo mismo decía que era uno de sus colaboradores estrella y al día siguiente me trataba como chacha. Pero Lady Macbeth no podía desaperecer a personas tan leales como mi persona y trabajadoras, no. Es por ello que la manipulación es una de las características más notables de esta duquesa de la oscuridad. Lo mismo manipulaba a las mujeres que a los hombres, a veces recurría a la “decapitación” para purgar a “elementos indeseables” que ella consideraba poco leales: en realidad lo que hacía esta niña que juega a ser empresaria era deshacerse de aquellos que osaban señalarle sus errores y rebelarse ante su yugo. A porque déjenme decirles (fíjate, fíjate, fíjate), Lady Macbeth es soberbia a más no poder, es arrogante y no soporta la crítica, ni la constructiva y menos la otra. Pienso que como desarrolló muy buenas pompas y buenos pechos durantes su pubertad, se aprovechó de esos dones que Dios le otorgó para controlar a los hombres de sus etapas preparatorianas y universitarias. De ahí sus ansías de poder y sus continuos berrinches al no obtener lo que desea.

Bueno, todos nos hemos enfrentado a la jefa caprichosa, dictadora y soberbia. Lo que sí causa escalofrío es cuando usa sus dotes físico para manipularte a ti en especial. Siempre es una estupidez en una empresa “meterte con la nómina”, es decir, querer algo con tus superiores, me refiero a complacer a la hormona. Así que fueron varias las ocasiones en que Lady Macbeth paseaba sus abundantes senos sobre mi espalda bajo pretexto de abrazarme por detrás y agarrarme mis nalgas “nada más jugueteando”. Por supuesto, yo como ser humano pude haber hecho cosas similares y devolverle esos jugueteos pero eso equivaldría a ser humillantemente corrido en un mundo en el que el desempleo es una opción bastante desgradable con tintes de pesadilla.

Hubo varias ocasiones en que Lady Macbeth me hizo reír. Reír sin asco y con sinceridad. No fue obra de sus patochadas y batacazos, fue por cosas que hizo; en lo que fue su obra final, hacer pedazos una empresa, no hay nada que dé risa:

1.- Cuando los socios de la empresa que nos sostenían estaban decidiendo sobre terminar o no con nuestra área, Lady Macbeth se tomó tres semanas de vacaciones en Europa. Repitió la dosis tres meses después en plena comida de fin de año de la empresa, cuando la compañía entera "grillaba" si sacarnos de ahí o no.

2.- Confiar la administración de una empresa a una persona que no tenía ni idea de lo que es administración. Confiar las ventas de la empresa a una persona que vendió muy poco o nada en un año.

3.- Creer que Hugo Sánchez (sí, el mismo que ahora puede tomar las riendas de nuestra Selección Nacional de Fútbol Soccer) iba a estar disponible a la hora y día que ella quisiera.

4.- Dar lecciones de periodismo cuando ni siquiera es periodista.

5.- Cubrirle las espaldas cuando cometía este tipo de tonterías ante otras personas...

A semejanza de Lady Macbeth, también a esta damita la corroe la culpa. Desde luego uno puede disculparla porque sufre de una enfermedad que le cambia el estado de ánimo tan rápido como un jet supersónico. Ese es uno de los rasgos característicos, hay humanidad en ella pero a la vez profundos deseos de venganza cuando se ve encarada y enfrentada, cara a cara, mirándole a los ojos. Porque Lady Macbeth no cometía los asesinatos, los cometía Macbeth. De igual forma, esta Lady Macbeth contemporánea intriga, seduce y decide. Mientras uno trabajaba, ella veía a otros candidatos o mandaba a su corte a hacerlo, no hay que olvidarse que en su pequeño reino ella es la que manda.

Cuando a un evento me invitaron y por decisiones de ella no pude asistir, es obvio que la persona que quedaba mal era uno mismo.Esas y otras cosas se sucedieron una tras otra y tanto clientes como proveedores tenían que llegar a la conclusión de que:

a) éramos nosotros unas personas “informales”, en cuyo caso no éramos personas de fiar o...

b) que nuestra empresa estaba manejada por locos...

Hace poco platiqué con dos excompañeras de trabajo y los tres nos hacíamos la misma pregunta: ¿por qué déjamos que Lady Macbeth hiciera con nosotros lo que quisiese?, ¿qué sólo viera por ella?, ¿qué ni siquiera se preocupara por derechos tan elementales como el Infonavit, por Seguro de Gastos Médicos Mayores?, ¿por vacaciones?, ¿es que le teníamos tanto miedo al desempleo?, ¿por qué tuvimos la camiseta puesta por alguien que en el fondo de su ser ni siquiera se preocupaba por lo que pasara a nuestro derredor?

Son palabras duras y quizás, injustas para ella. En muchas ocasiones hay que rendirle tributo a su incansable tenacidad por promover virtudes para las personas (i.e. dar consejos sobre la salud y su cuidado).

Sin embargo su ambición por llegar a un puesto político (su verdadero objetivo), y quizás por eso se sirva de una maquinaria de comunicación, es tanta que luchará por ello a costa de lo que sea.

Culparla de cosas que debieron haberse dicho en su momento ya no sería tan importante, todos sabemos (y más en la industria de los medios de comunicación) que una vez instalados en el desempleo, tomar uno similar puede tomar hasta seis meses, no es como la burocracia o puestos de telemarketing, o como otros donde te sales de un lado y entras a otro como por arte de magia. Aún así, el elemento de culpa, como en Macbeth, ha estado presente en todos sus empleados o los que fuímos sus empleados...éramos sus Macbeths y en el pecado llevamos la penitencia.

Por ahora sólo sé que Lady Macbeth lleva a su empresa como velero en un ciclón y salvo por filtraciones ya no me he enterado que más hace.

Lady Macbeth nos lavó el cerebro bien y bonito y lo que queremos sus exempleados (que llegan a unos 20) es desterrarla de nuestra memoria lo más pronto posible.